Antonio Pérez, el Secretario de Felipe II

Antonio Pérez nació en 1540. Era hijo de D. Gonzalo Pérez, arciano de Segovia, secretario de Carlos I, hábil político, de gran talento y mucha instrucción que viajó junto al Emperador por Italia, Francia y Flandes.

Antonio Pérez estudió en Alcalá, Lovaina, Venecia, Padua y Salamanca.

D. Gonzalo, junto al príncipe de Éboli lo introdujo en la corte y le enseñaron los secretos de la diplomacia y la intriga. A los treinta años ocupaba la secretaría de los asuntos de Italia.

Amigo de la niñez de Felipe II, fue acumulando los secretos privados del rey lo que le llevó a Antonio Pérez a ser secretario particular y confidente del monarca.

En 1578 ocurrió un suceso que variaría la carrera prometedora del secretario: mientras Antonio Pérez trataba de convencer a Felipe II de la escasa lealtad de su hermano D. Juan de Austria en Flandes, compareció en Madrid, el secretario personal del que fuera vencedor de Lepanto, Juan de Escobedo para informar con más precisión de lo acontecido en Flandes, lugar en donde ejercía su mandante de Gobernador.

La visita de Escobedo dio la oportunidad a  Escobedo de enterarse de las relaciones amorosas del Antonio Peréz de con Ana Mendoza de la Cerda, princesa viuda de Éboli, la cual, a pesar de ser tuerta, era admirada por su extraordinaria belleza.

Con esa información y sabiendo que Antonio Pérez era contrario a los intereses de su señor D. Juan de Austria, Escobedo intentó chantajear a Pérez a cambio de apoyos en Flandes con la amenaza de revelar al Rey cierta información.

Escobedo le comunicó al Secretario de Felipe II que sabría que podía demostrar que Pérez aceptaba sobornos y dádivas; y que sabía detalles sobre la relación de Pérez con la Princesa de Éboli, viuda de Ruy Gómez, amigo y consejero de Felipe II.

Escobedo fue acuchillado en el callejón llamado hoy Pretil de los Consejos de Madrid (31 de marzo de 1578), para que este no descubriese sus amores de la viuda con Antonio Pérez.

El asesinato de Escobedo fue atribuido a Antonio Pérez, pero tuvieron que transcurrir cuatro años desde el suceso para que el Felipe II ordenara el ingreso en prisión de su secretario y de la princesa de Éboli, la cual acabaría muriendo en prisión en 1592.

Después de transcurridos cuatro años desde el suceso, el rey ordeno la detención de su secretario, y la formación de un proceso, en el cual, Antonio Pérez aseguró que la muerte de Escobedo había sido ordenada por el rey.

Once años paso Antonio Pérez en diversas cárceles de Madrid, hasta que se fugó en 1590 y se refugió en un convento de Catalayud (Aragón), acogiéndose como aragonés a las leyes y fueros de este reino, los oficiales reales no le pudieron sacar sino para entregarlo al Justicia de Aragón y ser encerrado en la carcel foral.

Felipe hizo que se le acusase de herejía y la Inquisición de Zaragoza reclamó al reo, al que me metió en sus calabozos. El pueblo comprendió que aquello era un subterfigio para burlar sus fueros y se amotinó sacándolo violentamente de la cárcel de la inquisición y devuelto a la foral.

Sin embargo, el problema rebasó los limites personales para convertirse en una cuestión política, ya que los aragoneses pretendían afirmar sus derechos frente a la autoridad real.

Los disturbios acaecidos en Zaragoza en 1591, los cuales provocaron la salida de España de Antonio Pérez a Francia, propiciaron que Felipe II enviara un ejército mandado por Vargas a Aragón que se encargó de establecer la autoridad del monarca y ejecutó al Justicia Mayor de Aragón, Juan de Lanuza.

Los fueros se modificaron, correspondiendo desde entonces el nombramiento del Justicia al Rey y los virreyes podían no ser aragoneses.