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Descripción de un Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid


Todo madrileño que se precie sabe que en su Plaza Mayor se han celebrado todo tipo de espectáculos: representaciones de teatro, corridas de toros, ejecuciones (ya sea mediante la horca, garrote vil, degüello con cuchillo o decapitación con hacha), ferias, conciertos, etc. Si son madrileños, no conocen la historia de su plaza y “se precian” lean el artículo que hace un tiempo publicó Hilarión: Plaza Mayor de Madrid.

Uno de las ceremonias de las que podían disfrutar los madrileños y sufrir sus protagonistas fueron los Autos de Fe. Para quién  no lo sepa se trataba de una ceremonia en la que se hacían públicas las sentencias de la Inquisición, solemnizando el retorno al seno de la Iglesia de aquellos que se habían arrepentido y perdonado o el castigo al hereje, judaizante o lo que el Santo Oficio tuviera por menester.
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La imagen que acompaña al presente artículo representa una Auto de Fe celebrado en 1683 que fue pintado por Francisco Ricci y que se puede ver en el Museo del Prado. Pero además de este testimonio gráfico de lo que podía ser un Auto de Fe celebrado en la Plaza Mayor existen varios testimonios escritos que describen como desarrollaba la ceremonia. Uno de ellos está firmado por la esposa del embajador de Francia, Madame de Villars que en una carta escrita una amiga residente en París detalla uno de esos autos de fe:

“El último día de junio presenciamos algo aquí en Madrid que no se había producido en 48 años: un auto general de la Inquisición en el que se celebró, con gran ceremonia, el juicio público y la condena de varias personas declaradas culpables de crímenes contra la religión… Para dicha función, se levantó un gran escenario en la Plaza Mayor de Madrid, donde entre las siete de la mañana y las nueve de la noche, la gente observaba a los criminales y escuchaba sus sentencias. Dieciocho obstinados judíos, hombres y mujeres, dos apostatas y un mahometano fueron condenados a ser quemados; además, cincuenta hombres y mujeres judíos, arrestados por primera vez y arrepentidos, fueron condenados a varios años de prisión y a llevar lo que se llama un sambenito, una especie de túnica amarilla que lleva cosida delante y detrás la cruz roja de San Andrés (la palabra viene de “saco benito”, que es a lo que se parece la mencionada túnica): diez personas más culpables de bigamia, brujería y otros delitos, aparecieron con largos sombreros de papel, cuerdas en torno a su cuello y velas en sus manos: el castigo por estos delitos acostumbran a ser los latigazos, ir a galeras o el exilio”

“La noche siguiente, aquellos que habían sido condenados a la hoguera fueron quemados fuera de la ciudad, en un túmulo erigido especialmente para la ocasión, donde aquellas desdichadas almas debían soportar mil tormentos antes de ser ejecutados; hasta los monjes allí presentes los quemaban con las llamas de pequeños antorchas con la intención convertirlos. Muchas de las personas que habían subido al túmulo los golpeaban con sus espadas mientras el populacho les lanzaba una lluvia de piedras.”

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