Fotos de una “Casa de Trabajo”, lugar de internamiento de “Vagos y Maleantes”

Las fotos que hoy publicamos las he encontrado en la revista “Crónica” fechadas el 12 de mayo de 1935. Las imágenes muestran la vida que llevaban aquellos que según la ley de Vagos y Maleantes de 4 de agosto de 1933, en plena Segunda República Española, eran ingresados en las llamadas “Casas de Trabajo” pero que no dejaban de ser cárceles.

La citada Ley era conocida popularmente como “La Gandula” y fue aprobada por consenso de todos los partidos políticos. Se trataba de una norma que no sancionaba delitos cometidos, sino más bien, basándose en el aspecto y vida del “futuro” delincuente, supuestamente, trataba de evitar que se cometieran. Mientras estaba en vigor fue una ley injusta, pues es un principio del derecho penal universalmente aceptado aquel que dice “nullum crimen, nulla poena sine lege previa” (no hay delito ni pena sin ley previa).

El artículo donde he encontrado las fotos define a aquellos que se aplicaba la ley y las consecuencias de su aplicación:

“Ese hombre sin afeitar, sucio, mal vestido, tumbón y holgazá, que vemos junto a un solar, durmiendo cara al sol, es un vago. No cabe duda. Cuando tenga hambre se procurará el alimento del modo que le resulte más fácil, aunque desde luego sin preocuparse demasiado de la honestidad del procedimiento. Es el vago habitual con arreglo a la ley. Puede ser y conviene que sea declarado en estado de peligrosidad y sometido a las medidas pertinentes.

También es aplicable para aquellos hombres que se acercan a pedirnos limosna alegando la terrible desgracia de encontrarse en la plenitud de su vida y de su salud sin ganas de trabajar.

Y para los hombres que en los garitos desvalijan con tres pases de bacarra a los incautos. para los que que se inyectan el contenido de una jeringuilla, para los que dicen llamarse López y se llaman García, para nuestros visitantes extranjeros  poco gratos.

¡Que hacer con ellos!

En primer lugar enviarlos al juez especial. El juez con el expediente a la vista dicta las medidas oportunas y el vago o maleante es ingresado en una “Casa de Trabajo”.

Durante su permanencia en la Casa de Trabajo se hace todo lo humanamente posible por su regeneración y aunque lo mismo el director que los jefes y oficiales tienen puesta su alma en hacer hombres de estos despojos, es inútil casi siempre, pues regenerar a estos individuos, cuyos impulsos delictivos no tienen límites, es tanto como pretender volver las aguas de un rio al lugar de origen.

Según el director de la Casa de Trabajo, “cuando se pone a un interno en libertad, se le paga el viaje hasta el sitio donde va a residir y se le entrega un duro como socorro de viaje. Nadie se preocupa más de él. Y la inmediata es robar al día siguiente, si quiere comer. Y si come, es decir, si roba, irremediablemente vuelve a al cárcel. De este modo se establece una cadena sin fin.”


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