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El asesinato de los prisioneros del barco prisión “España nº3”

cartagena

En estos tiempos de “Memoria Histórica escorada” tiende a olvidarse a aquellos que fueron ajusticiados por el bando que perdió la guerra.

Una vez fracasada la sublevación militar, quedando Cartagena en manos del Frente Popular, en la Base Naval de dicha ciudad fueron detenidos y sustituidos sus jefes principales. Lo mismo ocurrió en la base aérea de San Javier, cuyos jefes y oficiales fueron trasladados a Cartagena donde fueron encarcelados en la bodega del barco mercante “España nº3”, donde ya estaban instalados antiguos mandos de la Base Naval, Guardias Civiles y personal civil.

Como nuevos mando supremo de la Base Naval, fue nombrado el Teniente de Navio Antonio Ruiz González y como Jefe del Arsenal al auxiliar segundo maquinista Manuel Gutierrez Pérez. En la foto que encabeza este artículo aparecen con los números 1 y 2, respectivamente.

cartagena1936

El día 14 de agosto de 1936 llega a Cartagena el acorazado Jaime I escorado y con daños en la proa a causa de una bomba de aviación que produjo entre sus tripulación tres muertos y varios heridos. La bomba había impactado en el acorazado mientras se encontraba fondeado ante Málaga.

Ese mismo día, marineros del Jaime I se presentan en el mercante España nº3 y exigen que los detenidos sean ejecutados, sin juicio y en alta mar del mismo modo que habían sido asesinados los oficiales y mandos del acorazado en los primeros días de la sublevación.

Atendiendo a la petición de los marineros del Jaime I, el jefe de la Base Naval, Antonio Ruiz González, ordena que el mercante “España nº3” se diese a la mar y que el barco quede a las órdenes del tercer maquinista del acorazado, Javier García Rey.

A las 2 y media de la mañana del 15 de agosto el España nº 3 se hizo a la mar. A cinco millas del puerto se ordena que dos piquetes formen uno a proa y otro a popa. Los detenidos en la bodega son sacados al principio de diez en diez y fusilados por los piquetes. Ante la lentitud del procedimiento, se decide que se coloquen en la proa y en la popa, respectivamente, un maquinista y dos marineros con ametralladoras, procedimiento que abrevia las ejecuciones. Una vez asesinados, los fallecidos son arrojados al mar con pesos en los píes.

Asesinados los primeros oficiales, los que estaban en la bodega tuvieron consciencia de su triste final y  pidieron papel para despedirse de sus familias, lo que les fue concedido, aunque sus cartas nunca llegaron a su destino pues fueron tiradas al mar.

Los asesinos, destacando entre ellos los hermanos Rego, se organizaron de nuevo y decidieron cambiar la forma de efectuar las ejecuciones, ésta vez decidieron llamar a las victimas una a una para matarlos al llegar a cubierta.

Finalizadas las ejecuciones se baldeó la cubierta y el “España nº3” puso rumbo a Cartagena. entrando en el Arsenal sobre las diez y media de la mañana del 15 de agosto. Una vez en el puerto, se comprobó la lista de prisioneros percatándose entonces que cinco de ellos no habían sido ejecutados por lo que se realiza un registro minucioso del barco encontrándose en las bodegas a los que se habían escapado de la muerte. Cuando los encuentra, los llevan a tierra donde fueron también asesinados.

El total de personas que fueron asesinadas en el “España nº3” fue de 215,  entre los que había oficiales de Marina, del Ejercito y de la Guardia Civil, además de algunos suboficiales y personal civil.

Relación de personas identificadas asesinadas en el España 3

Existe por otra parte una descripción de lo ocurrido escrita por Javier García Rey dirigida al Jefe del Arsenal:

«Tengo el honor de poner en su conocimiento que a las dos horas treinta minutos de hoy salió este buque a la mar para dar cumplimiento a la orden muy urgente de usted, que así lo dispuso. Hallándose este buque fondeado en la bahía, como en días anteriores, pude notar en la dotación cierto nerviosismo, del que en distintas ocasiones he tenido que dar cuenta a usted por parecerme en algún momento peligroso para la seguridad de los detenidos. En el día de ayer, con motivo de la llegada a este puerto del “Jaime I”, averiado y con muertos y heridos por bombardeo aéreo, se observó una mayor indignación en las personas que presenciaban cuantas operaciones se hacían en el citado acorazado y que pedían noticias de lo sucedido. Una vez en el mar, la indignación subió de punto, pidiendo que se hiciera justicia más rápida con los detenidos, porque según ellos lo que se pretendía era substraer a los presos de un castigo ejemplar, ya que no se había tomado una resolución acerca del juicio sumarísimo. Tuve que intervenir, recomendándoles calma y diciéndoles que ya estaban actuando los jueces, pero esto, lejos de calmarles, los excitó más, hasta el punto de que perdí el control sobre ellos. Armados como estaban y con una superioridad numérica manifiesta, me era imposible hacer nada que pudiera evitar sus propósitos. Cuando llevábamos navegando unas cinco millas hacia el Sur con cien grados al Este, fuimos obligados a poner el barco a media marcha. En estos momentos procedieron a llamar a cubierta a las personas detenidas, y colocándolas a la banda de estribor, eran fusiladas por grupos y luego lanzadas al mar con unos pesos en los pies. Cumplidos sus propósitos, después de baldear la cubierta, decidimos volver al puerto, a lo que ellos no se opusieron, marchando el barco entre aplausos, vivas y mueras significativos, de la dotación del “Jaime I”, al arsenal donde se reprodujeron las ovaciones y gritos cuando pasaba frente a los talleres de la Sociedad Española de Construcción Naval y hallándose los muelles y arsenal completamente ocupados por otros varios y marineros.»

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